lunes, 2 de febrero de 2009

Del lector al usuario. La lectura hipertextual

"Pero cuando estaba leyendo, sus ojos se deslizaban sobre las páginas y su corazón buscaba el sentido, mas su voz y su lengua estaban mudas. Vinieron visitantes para observar este prodigio".

San Agustín viendo leer a San Ambrosio.

"Nunca ninguna dictadura ha impedido ver y, sin embargo, todas han prohibido mirar".

Josep M. Català Domènech. "La rebelión de la mirada".

De la misma forma en que San Agustín quedó maravillado al ver a San Ambrosio leyendo en voz baja mientras sus ojos "se deslizaban" sobre las páginas, hace apenas un lustro nadie pensó que "deslizar" la vista sobre las pantallas se convirtiera en un acto tan natural y cotidiano como ha llegado a ser hoy navegar por la información y por las páginas del hipertexto. El soporte libro tenía asegurada su continuidad pues, como afirmaban muchos teóricos y defensores de la letra impresa, el libro seguiría siendo el soporte primordial para la lectura reflexiva y pausada, mientras que la lectura en pantalla sólo conducía a una lectura fragmentaria, al salto de una porción de texto a otra sin un hilo discursivo coherente y sin una continuidad lógica aparente. La lectura, emancipada de un autor que había sido hasta ahora el verdadero motor, guía y conductor del texto, sumía ahora al lector en el desconcierto, la pérdida de orientación, el desbordamiento cognitivo, etc.

Nada más lejos de la realidad actual, si bien el libro sigue siendo el soporte por excelencia para tratar cierto tipo de temas como las obras de ficción y novelas de entretenimiento, el hipertexto se ha convertido en el soporte primordial no sólo de las llamadas obras-herramienta (diccionarios, manuales técnicos, enciclopedias, etc.) sino también de las monografías y artículos científicos, ensayos, etc. La causa de que el libro impreso siga siendo, por ahora, el soporte primordial de novelas y demás obras de ficción y entretenimiento es, en primer término, su portabilidad.

Este tipo de lecturas se llevan a cabo en ambientes distendidos en los que no se precisa mucha concentración y son el complemento ideal para leer repantigados en nuestro sofá favorito, completar una jornada leyendo unas páginas antes de irse a la cama, disfrutar con la lectura tumbados en la hierba o bajo una sombrilla en la playa, sentados en un café o aprovechando el tiempo muerto que pasamos diariamente en los transportes públicos, etc. Sin embargo, la lectura reflexiva requiere de un ambiente silencioso y adecuado para la concentración, y suele hacerse en la sala de estudio donde la presencia de un ordenador se ha convertido en una herramienta imprescindible tanto para el ocio, como para el trabajo.

Es más, si las bibliotecas eran los templos del saber pues en ellas se contenía toda la información que precisábamos, ahora es la World Wide Web la depositaria de todo ese conocimiento y desde nuestra propia sala de estudio, a través de la pantalla, podemos acceder a toda la información que precisamos con un clic de ratón y sin intermediarios. El temido síndrome de "perdidos en el ciberespacio" que utilizaban los primeros teóricos del hipertexto ha sido solventado no sólo por el desarrollo de índices y directorios, motores de búsqueda y otras herramientas de navegación, exploración y búsqueda que facilitan el acceso y la recuperación de documentos en la red o por el desarrollo y la puesta en práctica de nuevos lenguajes semánticos, la aplicación de técnicas de indización y clasificación, etc. para los documentos de la Web; sino por un mayor conocimiento del medio por parte de autores, lectores y usuarios.

El hipertexto se convierte, pues, en el lugar y el espacio idóneos no sólo para la obtención de información, para el entretenimiento, la comunicación y el ocio, sino también para la lectura reflexiva y para el aprendizaje. Y es el lector el que construye el texto a su medida conectando, en el acto de lectura, todos los textos o fragmentos de texto que sean de su interés, sin que tenga demasiada importancia quién es el verdadero autor de toda esa información disponible al alcance de la mano y si dicha información, en origen, constituye o no un texto cerrado. La lectura se convierte, pues, en un proceso proactivo, reflexivo y dinámico en el que el lector actúa y toma decisiones por sí mismo. Esto es, el lector pasivo del texto impreso, se convierte a la fuerza, en el hipertexto, en un lector activo obligado a tomar el control de "su lectura" mediante la adopción de decisiones constantes. Y en un lector que "usa" cualquier información accesible según sus necesidades e intereses. De ahí la conversión del lector en usuario.

El navegante, que tiene ante sí una multiplicidad de posibilidades de lectura distintas, tiene que decidir por sí mismo qué camino tomar y puede elegir distintas vías de forma simultánea. Aunque en el acto de lectura mismo se sigue una linealidad temporal, el hipertexto posee una multisecuencialidad espacial, esto es, se pueden desplegar múltiples ventanas ante la vista, frente a los límites y linealidades espaciales y temporales que imponía el texto impreso.

En el hipertexto, el lector no alfabetizado en este nuevo contexto tecnológico puede realmente ser ese huérfano perdido en el ciberespacio que preconizaban los primeros teóricos del hipertexto, pero quien conoce el medio y toma las riendas de lectura eligiendo su propia senda, no es en realidad un huérfano, sino que se convierte en una figura hasta ahora inusitada: un lector independizado por completo del autor y un lector independizado del texto cerrado. Cualquier acto de lectura se convierte, de esta forma, en un proceso individualizado y leer un hipertexto por parte de uno u otro usuario constituye una forma única y diferenciada de lectura. Y, al igual que en el mundo analógico depende de las habilidades del lector que la lectura se convierta en un acto superfluo o en un acto reflexivo, la lectura hipertextual exige, por principio, un lector más activo que no se deja guiar únicamente por lo que marca un autor o por la disposición de un texto, sino que está obligado a tomar decisiones a cada instante.

El hipertexto convierte al lector en usuario pues es el lector quien usa el texto a su antojo eligiendo qué leer, cómo ampliar la información, cómo desechar los fragmentos que no son de su interés y cómo saltar de un fragmento de información a otro. Los enlaces son puentes de lectura entre unos textos y otros, una información y otra, un recurso y otro diferente; un documento, un autor y su referencia, etc. y así el usuario puede construir su propio texto, saltándose los pasajes, ampliándolos con las referencias y asociaciones pertinentes, recombinando textos, buscando otros contextos y apariciones, etc.

Toda lectura es un acto individual y también es un proceso que se lleva a cabo, necesariamente, en el tiempo y en el espacio. Hasta ahora, la linealidad del texto venía impuesta por los contornos de la página impresa, pero el espacio hipertextual permite romper esos contornos. La lectura adquiere nuevas dimensiones pues se puede optar por un barrido visual y una exploración superficial hasta centrar la atención en un punto concreto y sumergirse en una lectura reflexiva y pausada. No es lo mismo el zapeado de páginas, la lectura de titulares o la búsqueda directa, que la exploración detenida de un espacio hipertextual. Depende de los deseos del lector detenerse en un punto concreto de la información y sumergirse en una lectura más profunda o ampliar la información en otros puntos externos de la red. Así pues, el hipertexto no conduce, necesariamente, a una lectura superficial ya que el hipertexto posibilita varios modos de lectura, sino que es la intención del lector la que conduce a un tipo u otro de lectura.

No es lo mismo ver que mirar y un lector consciente y reflexivo debe tomar el control sobre lo que está viendo, esto es, debe mirar y construirse una mirada. Como afirma Josep M. Català Domènech en La rebelión de la mirada: "Un animal podrá seguir con la mirada la trayectoria de un elemento interesante, podrá incluso sortear con todo su cuerpo en movimiento un obstáculo que se interpone entre él y el centro de interés, como puede ser por ejemplo otro animal al que está persiguiendo, pero nunca lo hará sólo para seguir viendo. El movimiento que un animal puede ejecutar con el cuerpo o parte del mismo para dejar un objeto fuera del campo de su visión con el fin de seguir viendo aquello que atrae su interés no es una verdadera mirada, sino la prolongación de un acto corporal en el mismo sentido: no es la vista la que se emplea sobre el mundo, sino todo el animal con la vista, y otros sentidos, al frente. La vista responde en este caso a necesidades del cuerpo globalmente considerado y por tanto acepta los campos de visión tal como se presentan: son las características de los mismos los que determinan el interés de la visión y no a la inversa, como sucede con la mirada humana. De ahí que no pueda darse en los animales la dicotomía entre una visibilidad dada y una visibilidad construida, como se da en el ser humano. Los obstáculos, en el animal, no lo son nunca para la vista, sino para el cuerpo en su totalidad. De ahí la originalidad que supone un gesto como el de colocar algo ante los ojos para exponerlo expresamente a la inspección de la vista, un gesto que hace que ésta, de elemento de supervivencia pase a ser agente de conocimiento. El gesto, adscrito a la mirada, de colocar un objeto ante los ojos debe anteceder forzosamente, pues, al de la propia escritura, que así se muestra en parte subsidiaria del mismo. Antes de que la mano procediera a inscribir un lenguaje visible sobre una superficie, es decir, antes de que pasara a objetivar los procesos reflexivos, se produjo la conversión de la vista en mirada, un proceso que suponía asimismo la delimitación de un campo visual susceptible de ser inspeccionado visualmente y de constituirse, por lo tanto, en receptáculo de los signos que expresan el pensamiento". (Català Domènech, M. "La rebelión de la mirada. Introducción a una fenomenología de la interfaz". Formats 3. Revista de Comunicació Audiovisual, 2001. http://www.iua.upf.es/formats/formats3/cat_e.htm)

Navegar por la información es una dimensión nueva. El hipertexto permite tanto la tradicional lectura secuencial, como la búsqueda directa mediante consultas. Entre estas dos opciones, la navegación se presenta como un paso intermedio entre dos formas de lectura. Además, el hipertexto constituye un formato abierto de acceso a la lectura, pues el lector puede elegir de forma consciente o aleatoria comenzar por un punto cualquiera del texto y seguir diferentes caminos o lecturas a través de la textura de la información y de acuerdo con sus intereses. Así pues, desde el punto de vista del lector, el hipertexto no tiene un comienzo, un medio y un final como sí poseía un libro en el cual el desarrollo de lectura venía claramente definido. En esto se diferencia del texto impreso ya que en el hipertexto no es el autor quien controla el texto, sino que es el lector quien toma las riendas.

Navegar y buscar información son dos actividades similares, sin embargo, mientras que navegar es algo más aleatorio aunque se trata también de una actividad cognitiva, la búsqueda suele obedecer a un plan o a objetivos concretos. E. Carmel y otros, en su artículo Browsing in Hypertext: a cognitive study (Carmel, E. Crawford, S. Chen, H. "Browsing in Hypertext: a cognitive study". IEEE Transactions on Systems, Man and cybernetics, Vol. 22, Number 5, September/October 1992) distinguen 3 categorías de navegación o lectura de hipertextos:

  • Navegación de sondeo (scan browsing): el lector busca información interesante sin ningún objetivo predeterminado.
  • Navegación de revisión (review browsing): el lector busca información con objeto de revisar e integrar un tema particular.
  • Navegación de búsqueda (search-oriented browsing): el lector busca información según un plan u objetivo para encontrar la información relevante a un tema en particular.

En el mundo impreso ha habido pocas modificaciones en las tradicionales formas de lectura en el transcurso de estos últimos siglos, a pesar de que a lo largo de la historia siempre ha habido intentos de romper la linealidad del texto y numerosos autores han tratado de ofrecer nuevas experiencias visuales para el lector y nuevas posibilidades de presentación y lectura más allá de las limitaciones que imponía la página impresa.

La aparición del hipertexto ha supuesto la culminación de todos estos intentos de trascender el soporte papel y la secuencialidad que éste imponía para ofrecer nuevas dimensiones. De esta forma, la supremacía del libro entendido como mejor soporte para fijar la información ha sido puesta en cuestión por la concreción material del hipertexto a través de la digitalidad y la informática y, sobre todo, a través de la conectividad que proporcionan los enlaces y el acceso inmediato por medio de la red.

He aquí un ejemplo curiosos de "tecnología punta" que, por un momento, nos hace dudar de que el libro sea el soporte ideal para la lectura. Se trata de una herramienta que permite leer ¡con una sola mano! Esta "utilísima herramienta" se presenta en la propaganda como un nuevo accesorio para una nueva generación de lectores. La propaganda aduce que el tamaño sí importa, por lo que se ofrece el artilugio en 4 tamaños y en diversos colores.


Fuente: Thumbthing. How it work?: http://www.thumbthing.com/how.htm

La lectura digital tiene uno de sus mayores inconvenientes en la portabilidad, pues se precisan algunos instrumentos electrónicos mediadores para la lectura (ordenador, pantalla y/u otro tipo de dispositivo electrónico). Sin embargo, vemos, que el "volumen" también tiene sus inconvenientes. Bromas aparte, lo que es beneficiosos en un caso, como que el libro sea un objeto tridimensional portable, se muestra inconveniente en otro, ya que la disposición de las páginas, en el caso del libro en papel, no se muestra de forma tan homogénea como permite la superficie plana y uniforme de una pantalla, algo que sí se ha solucionado con los nuevos dispositivos de libros electrónicos que imitan el papel y que utilizan tinta electrónica (como kindle, que aparece en la imagen de la derecha).

A veces se pretende llegar a situaciones intermedias y la lectura digital persigue semejarse a la lectura analógica combinando las experiencias de lectura que proporcionan ambas tecnologías. Por ejemplo, la British Library cuenta con un sistema llamado Turning the pages (volver las páginas), mediante el cual el puntero del ratón se transforma en el dedo del usuario y hay que arrastrar el ratón de un lado a otro tanto para abrir las tapas como para pasar las páginas del libro. De esta forma, se simula que se "hojea" un libro y, verdaderamente, se tiene dicha sensación. Constituye una verdadera delicia pasar las páginas de, por ejemplo el "original manuscrito" de Alicia en el país de las maravillas o el mismísimo Cuaderno de notas de Leonardo Da Vinci. También se puede "ojear" el libro más antiguo del mundo, el Diamond Sutra, impreso en China en 868, y que consta de 7 paneles de papel enrollado sobre dos palos de madera. Los libros se acompañan de una explicación didáctica en texto y/o audio. http://www.bl.uk/onlinegallery/ttp/ttpbooks.html

La lectura hipertextual exige nuevas habilidades, competencias y conocimientos por parte del lector/usuario. Navegar por la información requiere conocer ciertos signos propios de la nueva escritura hipertextual (iconos, cambios del cursor, mecanismos de vuelta atrás, estilos tipográficos, significado de las barras de herramientas, etc.) y conocer el manejo de ciertos dispositivos como el ratón, las barras de desplazamiento en pantalla, etc; así como conocer qué herramientas se deben utilizar para buscar, cómo, cuándo y dónde acceder a un buscador, por qué tipo de buscador optar o cómo realizar las consultas. Los sistemas de navegación han ido poco a poco estandarizando sus herramientas de navegación, exploración y búsqueda, y el diseño de un hipertexto bien construido no confunde, sino que ayuda al lector a moverse por la red hipertextual. En unos pocos años, los lectores han aprendido a moverse por las procelosas aguas de la red. Pero sin duda, además de habilidades técnicas, la lectura hipertextual exige un cambio de mentalidad, una actitud atenta y comprehensiva para organizar y reorganizar constantemente un mapa mental del (hiper)texto que se va construyendo en la lectura, pues es el lector el que se va construyendo el discurso a su medida.

La lectura de un hipertexto es una lectura extensiva, más superficial y horizontal que la lectura de un libro impreso, mientras que la lectura de este último es más pausada, inmersiva, intensiva, en profundidad, vertical de abajo arriba y prolongada en el tiempo. Lo que conduce a este modo de lectura es no sólo la disposición de la pantalla, sino también la abundancia de información, pero una vez que se ha hecho un barrido visual y explorado el espacio de información, la lectura del hipertexto requiere mayor atención -e intención- por parte del lector que la lectura de un texto impreso.

La estabilidad del libro impreso entendido como objeto físico permanente y no dependiente del tiempo pasa a convertirse, en el hipertexto, en un espacio virtual que se hace presente temporalmente. El texto del hipertexto es dinámico, en constante inestabilidad y transformación y su lectura se convierte en un proceso temporal que requiere otros parámetros de acercamiento, atención y comprehensión por parte del lector. En esto, el hipertexto se asemeja más a la cultura oral que a la cultura impresa pues es el lector/oyente quien da significado el texto en el proceso de unir las distintas secuencias -y las intenciones y objetivos- de su lectura. Por medio del hipertexto recuperamos, pues, ciertas características de la cultura oral sin renunciar a la cultura impresa.

El discurso secuencial ha pasado a ser multisecuencial, y el conocimiento se construye no paso a paso como en la cultura impresa, sino como un haz o una totalidad de significaciones. La hipermedia introduce, además, elementos ajenos a la cultural textual y texto, imagen y sonido se funden y confunden en el nuevo hipertexto. En este sentido, el hipertexto se aleja de la linealidad y articulación del pensamiento racional propio de la imprenta y de su segmentación de la realidad para acercarse a la totalización de las imágenes, a la unidad entre contenidos y formas. El hipertexto establece una estrecha relación con los códices medievales por su logografía y caligrafía iluminadas, su iconografía constante, el uso de miniaturas, etc. y también una fuerte relación con los rollos de papiro anteriores a la invención del codex romano en donde las páginas no van cosidas unas a otras, sino que se despliegan.

Los inicios de la escritura pasaron por una fase iconográfica y hoy, con el hipertexto, la escritura y la lectura culminan en otra fase iconográfica. Ver es el sentido humano por excelencia, más que oler o tocar como los animales. La visión y el pensamiento se retroalimentan, la escritura se convierte en un acto racional en donde el símbolo se convierte en signo, pero en la lectura y escritura hipertextuales, el signo vuelve a ser símbolo.
El hipertexto ha cambiado, pues, las formas de escritura y de lectura. Siempre que surge una nueva tecnología se analizan sus implicaciones desde distintas perspectivas: económicas, sociales, culturales, etc. De esta forma, se ha visto al hipertexto como un enemigo del libro impreso y se ha hablado del cambio de racionalidad que supone el paso de una cultura libraria a una cultura digital soportada en las pantallas como si esta última fuera a derribar toda la cultura lograda sobre los cimientos de la imprenta. Lo cierto es que la cultura del hipertexto no viene a sustituir a la cultura del texto, esto es, a la cultura de la imprenta, sino que añade a ésta algunas dimensiones nuevas.

Desde la experiencia del lector, la información ha dejado de ser una cosa física y se ha convertido en una realidad mental, en una espacio nuevo que hay que aprender a construir, explorar, usar y comprender. La sintaxis de esa nueva dimensión es el hipertexto y aprender a leer y escribir mediante enlaces es es una nueva forma de alfabetización enmarcada dentro de una cultura más amplia que es la alfabetización digital.

En los últimos años ha existido un período de adaptación y aprendizaje que se ha producido tanto en los individuos concretos, como en la sociedad en su conjunto, y la lectura hipertextual en pantalla se ha ido consolidado poco a poco hasta convertirse en un proceso casi "natural" de lectura. Son pocos los que reniegan ya de este medio y la lectura hipertextual va ganando adeptos. Curiosamente, las reticencias proceden, casi todas, no del mundo científico, sino del mundo de las humanidades para quienes el libro ha sido hasta ahora un objeto de culto casi sagrado y el autor su máximo pontífice. La razón de este rechazo es, por un lado, la ignorancia y/o fobia tecnológicas y por otro, el miedo a perder esa pequeña o gran cuota de poder que supone considerarse única fuente donde reposa el saber y única fuente de distribución del conocimiento.

El control que hasta ahora tenía el autor sobre el conocimiento y su distribución a través del libro impreso, se diluyen en la maraña de la red y con ellos se esfuma el prestigio y el reconocimiento social que lleva aparejados la "autorictas". En el campo científico esta ruptura ha sido menos desgarradora pues los autores suelen publicar en colaboración y utilizan, en mayor medida que el libro impreso, otro tipo de medios como son las revistas científicas que se han trasladado a la red de forma rápida y nada traumática, aunque su acceso libre también ofrezca reticencias por parte de los editores, pero esta vez por causas crematísticas. También influye el hecho de que, mientras que la investigación y el trabajo dentro del ámbito científico se construye día a día como una labor conjunta, de equipo y colaborativa, en el campo de las humanidades y las ciencias sociales, la investigación y publicación se ha realizado, tradicionalmente, por lo menos en España, de forma individual.

Un libro se puede leer o no leer, pero en un texto abierto a la red, el lector no sólo puede escapar del texto haciendo uso de un enlace externo, sino que también puede relacionarlo con otros textos y contextos escapando al control fijado por el autor. En el hipertexto el lector se independiza del autor, le desobedece, niega su autoridad y busca otros caminos y sentidos no previstos ni fijados por el autor en el texto. Es el lector quien toma el poder. Y este poder se acrecienta y llega a límites insospechados cuando el lector puede usar el texto a su antojo: copiarlo, reutilizarlo, modificarlo, transformarlo, difundirlo, etc.

Si los defensores de la libre expresión en Internet reivindicaban una información sin propietarios bajo el lema "la información quiere ser libre" personalizando el texto con el fin de independizarlo de un autor, no existe proceso comunicativo sin lector. La comunicación no es un proceso mecánico, sino que precisa de un referente humano que sea consciente de lo que significa el mensaje. El mensaje que en el medio impreso era algo totalmente acabado y cerrado y que poseía permanencia y estabilidad, en la red se ha vuelto inestable, cambiante y dinámico. Y la relación inmutable entre emisor-mensaje-lector que se establecía siempre en la misma dirección inequívoca, se ha convertido en un proceso multidireccional donde el flujo de la información fluye en todas direcciones de forma simultánea.

En 1969 Barthes anuncia ya la muerte del autor y el nacimiento del lector. Sin embargo, el hipertexto no conlleva la desaparición del autor ni la destrucción del texto sino que provoca cambios profundos en la concepción de ambos. Un hipertexto es siempre creado por un autor (o varios), pero es el lector el que elige qué enlaces y qué ruta de lectura seguir y quien, por tanto, reconstruye el texto a su medida enlazando textos y fragmentos de texto y conectando autores diversos. Lo que conlleva el hipertexto es la apertura a múltiples lecturas y a dotar de cierta autonomía al lector. Un texto fue escrito en un contexto concreto, pero ahora es el lector el que elige su propio contexto de lectura.

Así pues, todo texto requiere de un lector y un contexto. Daniel Chandler en Texts and the construction of meaning, donde realiza una pequeña adaptación de un capítulo de su libro The Act of Writing (Chandler, Daniel. Texts and the construction of meaning. 1995 (http://www.aber.ac.uk/media/Documents/short/texts.html) resume en estos 3 tipos de posiciones extremas en las teorías que se refieren a la relación entre lectores y textos:

  • Objetivistas: el significado se encuentra en el texto (el conocimiento se transmite)
  • Constructivistas: el significado surge de la interacción entre el texto y el lector (el conocimiento se negocia)
  • Subjetivistas: el significado depende de la interpretación del lector (el conocimiento es re-creado)
Por su parte, José Luis Gómez-Martínez en su excelente artículo Hacia un nuevo paradigma: El hipertexto como faceta sociocultural de la tecnología afirma: "En la modernidad se privilegió al autor, la posmodernidad privilegia al texto, en el discurso antrópico se privilegia al lector". Para este autor, el discurso antrópico es el discurso propio del hipertexto en el cual el referente es el ser humano y el proceso de comunicación es multidireccional: autor ↔ texto ↔ lector. Gómez Martínez habla de un cambio de paradigma en el que el significado reside en el lector y en la apropiación que éste haga del texto. No se trata de un texto con múltiples significados, sino de un lector (o múltiples lectores) que se apropian del texto desde múltiples contextos. Si el discurso moderno privilegiaba al autor y el posmoderno ponía énfasis en el mensaje, el discurso antrópico regresa al referente humano. Este cambio de paradigma supone una transformación tan notable como la que supuso el libro impreso: "El cambio es mucho más profundo. Nos trasladamos de concebir el mundo como realidad estática, a entenderlo como transformación. La lectura, por tanto, ya no trata de encontrar el significado del autor en el texto (aunque no anula esa posibilidad). La lectura ahora es un proceso íntimo en el cual el texto se contextualiza en el devenir del lector. Parafraseando a Antonio Machado diríamos que no hay texto, que el lector hace el texto al leer". (Gómez Martínez, José Luis. Hacia un nuevo paradigma: El hipertexto como faceta sociocultural de la tecnología. http://www.ensayistas.org/critica/teoria/hipertexto/gomez/index.htm)

Pero el hipertexto no sólo exige un cambio de mentalidad para pasar del papel a la pantalla y adaptarse a las interfaces gráficas, sin duda, el lector de hipertextos debe poseer, además, ciertos conocimientos tecnológicos complejos y una serie de habilidades que tienen que ver con el campo de la información y la documentación. Navegar por la Web es similar a recorrer una gran obra de referencia, una enciclopedia universal de textos completos y, en un mar de información, el usuario debe saber no sólo buscar la información, sino también recuperarla y gestionarla para poder hacer una lectura o un uso más pausado y reflexivo en el momento que crea adecuado. Christine A. Barry en su artículo Las habilidades de información en un mundo electrónico (Barry, Christine A. “Las habilidades de información en un mundo electrónico. La formación investigadora de los estudiantes de doctorado”. Traducido por Piedad Fernández Toledo. Anales de Documentación, Nº 2, 1999. Título original: “Information skills for an electronic world: training doctoral research students”, en Journal of Information Science, 23 (3) 1997. http://revistas.um.es/analesdoc/article/view/2731), afirma que las habilidades de información se pueden descomponer en las siguientes fases secuenciales:

  • formular y analizar necesidades
  • identificar y valorar posibles fuentes
  • localizar recursos audiovisuales
  • examinar, seleccionar y rechazar fuentes
  • interrogar a las fuentes
  • procesar y almacenar información
  • interpretar, analizar, sintetizar y evaluar la información recogida
  • presentar y comunicar el trabajo resultante
  • evaluar los logros conseguidos
Para esta autora, es la relación entre el crecimiento de la información y el aumento de tecnología compleja para manejarla, lo que produce este cambio en las habilidades de información. De esta relación emergen 3 grandes categorías de habilidades de información necesarias:

  • Primero, el aumento de la localización, alcance y volumen de información lleva a una creciente necesidad de valorar esa información. Esto incluye la evaluación de la calidad, el filtrado y eliminación de información excesiva, y la mayor concreción hacia necesidades específicas.
  • En segundo lugar, existe la necesidad de adquirir conocimiento de las diversas fuentes y habilidades para manejar la compleja tecnología dentro de la cual se encuentra inmersa la información. (Ésta en particular es resultado de las limitaciones de las interfaces existentes. Una vez que las interfaces amigables para sistemas múltiples sean realidad, y los programas de búsqueda se aproximen más al lenguaje natural, la complejidad se reducirá).
  • En tercer lugar, están las habilidades lógicas y lingüísticas necesarias para formular necesidades de información y hacerlas explícitas de una forma comprensible por los sistemas TI, y también para leer, descodificar, e interpretar la información electrónicamente obtenida. Como resultado, las habilidades de información necesarias para navegar con éxito por el mundo electrónico y recuperar la información óptima han cambiado tanto de forma cualitativa como cuantitativa.
Sin duda, las virtudes del medio hipertextual sobre el medio impreso se deben, fundamentalmente a cuatro aspectos diferenciados: la rapidez en el acceso a la información, la disponibilidad de una enorme biblioteca universal de acceso libre, la posibilidad de buscar de forma directa la información que se precisa y, en último término y no menos importante, el hecho de que la Web no sólo es un espacio de información, sino también un lugar para la interacción.

La interacción se puede entender en dos sentidos diferenciados: por un lado, como sinónimo de participación en relaciones comunicativas establecidas entre las personas, donde es corriente utilizar la voz interactuar en lugar de conversar, dialogar, colaborar, votar, etc. Y por otro, como la relación que se establece entre los seres humanos y las máquinas, esto es, el método por el cual un usuario se comunica con el ordenador a través de la interfaz gráfica del hipertexto.

En este segundo sentido, a menudo se confunde la interactividad con conectividad. Navegar por un hipertexto, seleccionar un enlace y hacer clic con el ratón no es propiamente interactividad, aunque navegar ya implique un grado de interactividad mayor que una lectura secuencial en los soportes tradicionales como son el papel o la película y las posibilidades de navegar por una biblioteca completa como es la Web supone aumentar las posibilidades de lectura hasta un grado antes inimaginado.

Sin embargo, dentro de un hiperdocumento, las posibilidades de navegación vienen determinadas por el diseño que el autor del hipertexto haya previamente fijado y el usuario puede elegir únicamente entre las opciones que se le presenten. La elección de poder moverse y saltar de un lado a otro del hipertexto, supone un grado muy bajo de interactividad.

El hipertexto no es una mera forma de creación de documentos y de presentación y navegación por la información, es una estructura mucho más compleja que se sustenta sobre elementos de muy distinto signo y que deben conformar un todo integrado que tenga en cuenta la estructura interna de la información, su estructura externa, la estructura inmediata de presentación de la información, el contexto físico y psicológico y las posibles necesidades del usuario, etc. Por tanto, el diseño navegacional juega un papel fundamental ya que la organización del espacio de navegación ayuda al usuario a recorrer la información o a ir directamente a la información que requiera.

La interfaz es todo aquello con lo que interactuamos para lograr efectuar alguna acción en un sistema y es, por tanto, la interfaz de usuario, la que permite que el usuario se comunique y dialogue con el hipertexto. Se trata pues, de una especie de cuadro de mandos para que el lector tome el control. Al diseñar la interfaz de un hipertexto hay que tener en cuenta tanto el tipo y características de los posibles usuarios, las facilidad de aprendizaje y uso, su accesibilidad, etc. y muchas otras tareas que tiene que ver con lo que se ha venido en denominar usabilidad.

El término control es una de las claves para definir la interactividad, más allá de la simple navegación se trata de que el usuario tenga verdadero control sobre determinadas acciones. Un hipertexto bien diseñado permitirá una mayor interactividad para que el usuario no sólo se mueva por el hipertexto, navegue por la información y explore distintas rutas, sino que le ofrezca la posibilidad de visualizar información multimedia en el momento que desee, hacer búsquedas directas, encontrar información relacionada y recuperar la información atendiendo al establecimiento de filtros y adaptaciones personalizadas que el propio usuario pueda establecer, etc. Todas estas cualidades son las que conducen a que el lector de un hipertexto pase a denominarse, con toda propiedad, usuario. Vemos que el hipertexto entendido como una nueva tecnología, ofrece muchas más funcionalidades y posibilidades de interacción que las tecnologías simplemente digitales, y aun mucho mayores que cualquier tecnología analógica.

A la conectividad del texto se une la conectividad de los sujetos que intervienen en la comunicación. En este sentido, la Web no es sólo un espacio de información, sino también un espacio de interacción entendida como comunicación entre seres humanos. La Web se ha convertido en un ágora electrónica, una plaza pública y un territorio virtual donde se desarrollan miles de conversaciones en distintos medios: foros, chats, intercambio de correos, cruce de mensajes, etc. y con distintos actores. Esta comunicación puede ser bidireccional uno a uno (emisor ↔ receptor) o multidireccional (emisores ↔ receptores) y puede ser instantánea al desarrollarse en línea o dilatada en el tiempo (como en el caso de las listas de distribución a través del correo electrónico). Esta posibilidad que brinda la red ha hado origen a nuevas formas de autoría colaborativa y a que en la red, las audiencias de los medios ya no sean tan pasivas como en el medio impreso. El lector o los lectores no sólo pueden establecer contacto con los autores y conversar con ellos a través del correo electrónico, sino que pueden hacer sus comentarios en la red.

El hipertexto adquiere así una dimensión social nueva y no sólo permite la creación y mantenimiento de comunidades y redes sociales de todo tipo en línea, sino que está dando forma nueva a viejos medios de expresión como la prensa. Los blogs, que nacieron como un medio de expresión y edición personal y que dieron un aire nuevo a las noticias, permiten ahora los comentarios en línea por parte de los lectores y se crea así una nueva forma de periodismo abierto y participativo en donde los lectores se involucran en el proceso informativo haciendo comentarios y anotaciones. Muchos sitios web tanto de personas o empresas como de medios de comunicación, permiten al lector iniciar un debate o participar en una discusión en línea, añadir contenidos y enlaces mientras se lee, etc.

El periodismo participativo es un fenómeno nuevo que se produce de la base hacia arriba y es el resultado de muchas conversaciones simultáneas y distribuidas a lo largo de la Web. Los lectores pasan a ocupar un papel activo en el proceso de suministrar información.

Fuente: Shayne Bowman y Chris Willis. Nosotros, el medio. http://www.hypergene.net/wemedia/images/uploads/compare_esp.gif

Y en la red no sólo se desarrollan nuevas formas de periodismo participativo a través de los blogs o el establecimiento de foros y debates en los medios tradicionales trasladados a la red, también se crean comunidades en línea y redes sociales agrupadas tras los más diversos intereses y surgen proyectos conjuntos de colaboración a través del desarrollo de nuevas herramientas y tecnologías como los wikis que permiten agrupar una red social de autores y lectores para crear proyectos colaborativos en línea tales como enciclopedias, diccionarios, repositorios de documentos de acceso libre, etc. La llamada Web 2.0 crece exponencialmente y los sitios más visitados y usados en la red son los que permiten la colaboración de los lectores/usuarios tales como Blogger, Bloglines o Tecnhorati para guardar y compartir blogs, Flick para compartir fotos, del.icio.us para guardar y compartir favoritos o YouTube para almacenar y compartir vídeos, etc. Además, estos servicios colaborativos cuentan con otras herramientas que han permitido el paso de la clasificación personal al etiquetado social por medio de etiquetas o tags creadas en colaboración y que han desarrollado una nueva forma de indización de documentos llamada folksonomías o etiquetado social.

En la red ya no se habla de publicar, sino de participar y una nueva generación de documentos web nace con la intención de convertirse en documentos dinámicos permitiendo al lector participar haciendo comentarios y anotaciones, iniciar una discusión, añadir contenidos o agregar enlaces de sus favoritos mientras lee, etc.

Desde los inicios del hipertexto a través de los sistemas de gestión independientes era corriente la autoría múltiple y muchos sistemas permitían las anotaciones y comentarios críticos de los lectores. Muchas de estas herramientas se emplearon en el ámbito educativo para establecer un contacto más estrecho entre profesores y alumnos y para que los lectores pudieran establecer un contacto directo con el texto ya que podían "manipularlo" estableciendo relaciones, añadiendo comentarios críticos, etc. La Web, con su acceso universal en línea potencia esta tendencia y ofrece nuevas posibilidades permitiendo que los contenidos dinámicos sean creados y distribuido "en vivo" a través de Internet.
El marco de la pintura se ha convertido hoy en un monitor de ordenador, una pantalla que separa el mundo de su representación y/o abstracción. Sin embargo, tras la pantalla también se crea un mundo nuevo real y virtual de informaciones y relaciones humanas que puede ser desplegado a través de las múltiples ventanas del hipertexto .

María Jesús Lamarca.

NOTA. Este artículo ha sido extraído de mi tesis doctoral defendida en la Universidad Complutense de Madrid: Lamarca Lapuente, María Jesús. Hipertexto, el nuevo concepto de documento en la cultura de la imagen. Madrid, 2006.